Páginas

jueves, noviembre 11

El dolor alegre

¿Por qué se da por hecho que un adulto es inmune a comprender o sentir de nuevo los sentimientos que se tienen en la adolescencia? ¿Y por qué hay adultos que ven en eso un signo de inmadurez?

Sentir por dentro y reflejar todo eso no debería ser sancionado por nuestro entorno como una niñería, sino todo lo contrario. Difícil es hoy día encontrar a alguien que todavía sea tan puro como somos cuando niños.

Raramente encuentro gente así e incluso he llegado a pensar que soy una especie en extinción. Tampoco me considero la única, y creo y mantengo la esperanza de que algunos hombres y mujeres hay todavía con esa rara sensación, de que nunca abandonamos del todo aquellos sentimientos puros, sanos e inocentes que una primera vez sentimos, en todos los ámbitos de nuestra vida, tanto en lo conyugal como en lo familiar, lo laboral, etc.

El primer amor, el primer viaje sin los padres, la primera vez que tu padre o tu madre te dijo lo orgulloso/a que estaba de ti, la primera subida salarial!..... Recordar esas emociones a lo largo del paso de los años y expresar esa emoción no es malo, sobre todo cuando a quien recuerdas ya no está.

Y todo esto es necesario. Sobre todo porque es lo que nos define, lo que nos ha hecho llegar a ser como somos hoy día. Porque recordar a alguien que ya no está y llorar a lágrima tendida, sentado en el sofá mirando por la ventana con la esperanza de que asomará sólo por un instante para poder volverle a abrazar, no es más que la sensación de que estamos vivos y seguimos amándolo.

A veces hay que dedicar momentos al recuerdo y aunque algunos duelen, son un dolor alegre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada